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Social Media

Hace un tiempo, muchos usuarios advirtieron que en sus líneas de tiempo empezaban a aparecer los tuits marcados como favoritos por algunos de los usuarios a los que seguían. Como cualquier cambio en las aplicaciones web que usamos diariamente, surgió rodeado de misterio y polémica. Misterio porque, como todos los cambios, hay quien los ve y hay quien no los ve. Polémica porque parecía que podía cambiar muchos planteamientos sobre cómo usamos esta red.

Finalmente, como siempre, las aguas se templaron. Ni el cambio era tan importante, ni todos teníamos por qué percibirlo a primera vista. Pero si no sabéis de qué estamos hablando, antes de resolver el misterio, intentemos entender por qué se llegó a este punto.

Para los recién llegados a Twitter los favoritos es la interacción más difícil de entender. Pública y privada al mismo tiempo, expresión de complicidad o de ironía, sus usos pueden ser tan diversos como sus interpretaciones.

Para muchos, las estrellas son una herramienta valiosa para marcar el contenido que queremos rescatar en otro momento. Enlaces que queremos leer antes de compartir, ideas que queremos reciclar para otras cuentas, o citas que queremos aprovechar para escribir un artículo. Es el favorito en el sentido más clásico, como la barra homónima de nuestro navegador o el clásico marcapáginas adaptado a la inmensidad de un timeline con millones de usuarios.

Para otros es la forma de expresar una complicidad. De la misma forma que hacemos clic en Me gusta con Facebook o en +1 con Google Plus, es un pequeño gesto que indica que apoyamos o, simplemente, nos gusta lo que dice el tuit. En este caso el usuario marca el tuit como preferido aunque también la comparta en su línea de tiempo con un retuit. Se podría interpretar como dos mensajes diferentes, uno destinado a sus seguidores y otro al autor del tuit. De aquí surgen fenómenos como Favstar.fm que premian los usuarios y los tuits com más FAVs, y que acumula miles de usuarios.

También es común usar el favorito como respuesta a una mención. Este uso puede ser tanto práctico -como muestra de que se ha leído, una especie de double-check manual, o incluso irónico. La diferencia parece muy matizable, pero se basa en una sentencia muy común entre los community managers: “cuando no sepas que contestar, FAV”.

Y, por supuesto, tenemos los guilty pleasures. Esos tuits que quisiéramos compartir pero nos lo impide la autocensura. Humor negro, política o sexo son algunos de los temas más recurrentes. En este caso el favorito es más que una complicidad. Es morderse la lengua y arriesgar, pero muy poco. Podemos ser conscientes de que las personas que tengamos los mismos interese podrán saber que también lo hemos marcado, pero sabemos que la mayoría de nuestros seguidores no se molestarán en escarbar entre nuestro favoritos y difícilmente los encontrarán en la pestaña-cajón-de-sastre Discover, donde aparecen de manera aleatoria.

Quizás esta falsa percepción de privacidad en torno a los favoritos sea la que ha creado más miedo ante su posible promoción pública. Una promoción que resultó ser muy poco probable y difícil de ver.

Las plataformas de redes sociales trabajan para que pasemos más tiempo en sus aplicaciones ofreciéndonos contenido que podamos encontrar útil o satisfactorio. Pero, a veces, en Twitter nos quedamos sin tuits cuanto estiramos hacia arriba en las apps móviles. La solución, según reconoció su CEO, fue ofrecernos un favorito de nuestros seguidores.

(Te aparecen favoritos cuando has estirado para actualizar dos veces y no hemos tenido tuits de a quien sigues ninguna de las dos)

Una lógica simple. La información continuada puede hacernos sentir decepcionados cuando se acaba, y podemos acabar cerrando la aplicación si el esfuerzo de actualizar no tiene recompensa.

(Hilarante si es ciero. Todos: “¿TWITTER, POR QUÉ?”. Twitter: “Porque mono pulsa botón, mono no consigue comida, mono triste”)

Cosas de la psicología y el condicionamiento operante, que nos recuerda que también somos primates.

Foto: Copyright Aaron Durand (@everydaydude) for Twitter, Inc.

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